Fundadores


El 16 de abril de 1834, nace en Bañolas el sexto hijo de una familia acomodada: Francisco Javier Butiñá.

Va a la escuela, crece, estudia, aprende. Siempre se sintió orgulloso de su pueblo, de su lago, de su casa, de su parroquia y del antiguo Monasterio de San Esteban, donde los benedictinos habían proyectado, durante siglos, el «ORA ET LABORA» (REZA Y TRABAJA).

En su casa había un taller artesanal en el que trabajaban la familia y varios empleados. Hereda toda la fortuna de su familia y cuando atiende la llamada de Dios, deja todo a favor de su hermano Juan. Podía haber sido un hombre rico y voluntariamente se hace pobre, para poder ESTAR, ATENDER Y ENTENDER A LOS POBRES TRABAJADORES.

Entra en la Compañía de Jesús de Loyola. A partir de este momento, podemos decir que es un caminante infatigable y un gran investigador. Durante esos años de formación y estudio estuvo muy cerca de los necesitados, de los trabajadores: cuando aparecen las máquinas, muchos hombres y mujeres se quedan en paro y los que trabajan están bastante explotados. Por este motivo, Francisco

Francisco Javier Butiñá.


En 1874 una joven llamada Bonifacia, que se confesaba con el Padre Butiñá, le manifestó que quería ser religiosa. Era una artesana, una cordonera, una mujer sencilla y anónima. Con ella Butiñá decidió fundar la Congregación de las Siervas de San José y  podía testimoniar a través de ella su teoría: «las tareas ordinarias no son un obstáculo para subir a la cumbre de la perfección cristiana (… )

y que nuestro Divino Salvador, para honra y aliento de los menestrales, quiso nacer en una familia de unos pobres artesanos que tenía que ganar el pan con el sudor de su rostro» (La luz del menestral escrito por F. Butiña).

Al lado de Bonifacia se reunieron otras mujeres que deseaban trabajar y rezar teniendo como modelo a JESÚS, MARÍA y JOSÉ. Gracias a ellas, hoy existen las SIERVAS DE SAN JOSÉ en muchos lugares del mundo: Europa, África, América, Asia y Oceanía.

Mujer de ojos abiertos y manos trabajadoras, atenta a la vida, Bonifacia Rodríguez es una contemplativa que se encuentra con Dios en la vida cotidiana. De la mano de San José, especial modelo y protector de la Congregación, se acerca a Nazaret y prolonga en su existencia el estilo de vida de Jesús en el misterio de su vida oculta. 

Fue Beatificada por Juan Pablo II en Roma el 9 de noviembre de 2003 y posteriormente, el 23 de octubre de 2011, fue canonizada por el Papa Benedicto XVI.

BONIFACIA RODRÍGUEZ DE CASTRO